La comunicación y las funciones cognitivas

Entre un 30% y un 72% de las personas con esclerosis múltiple (EM) presentan una alteración de las funciones cognitivas, algo que puede tener consecuencias en todos los ámbitos de la vida, incluyendo la comunicación. En este caso, las personas afectadas a menudo encuentran dificultad para encontrar las palabras adecuadas, para comprender mensajes complejos o ambiguos y para construir las frases y organizar el discurso; en definitiva, para explicar, discutir, conversar, leer y escribir. Estos impedimentos pueden suponer que el afectado hable menos, participe poco en las conversaciones, abandone actividades como ver películas, escuchar la radio, leer o escribir, se vea obligado a dejar de trabajar o de estudiar y, en general, se aísle. La comunicación y la función motora (disartria) La disartria es un síntoma que afecta entre un 25% y un 55% de las personas con EM. Suele caracterizarse por una articulación imprecisa de las palabras, por anormalidades en la voz (en la velocidad, en el ritmo y en la melodía del habla) y por la fatiga vocal.

Existen ejercicios y estrategias dirigidos a mejorar la naturalidad e inteligibilidad del habla. Las personas con EM que tienen problemas de comunicación pueden hacer pausas al hablar, repetir la palabra o decir lo que pretenden decir de otra manera, prestando atención a la entonación y a la expresión no verbal. En este caso, también es muy importante que el interlocutor respete el tiempo que este proceso conlleva y no tenga prisa. Para minimizar el impacto de estos dos tipos de dificultades en la comunicación, es importante consultar a un profesional para que detecte y valore las capacidades del sujeto mediante una exploración. El profesional explicará el origen de los obstáculos, y conjuntamente se buscarán estrategias útiles, teniendo en cuenta las habilidades y el potencial del sujeto y del entorno, para optimizar la comunicación. También se podrán proponer ejercicios para mejorar el estado de las funciones cognitivas, motoras y sensitivas implicadas en la comunicación. La intervención temprana del logopeda y del neuropsicólogo, entre otros profesionales de la salud, es muy importante. Aunque la atención es siempre individualizada, algunas estrategias generales consisten en hablar en un ambiente silencioso y relajado, sin prisas y haciendo pausas. Si el paciente tiene dificultades para encontrar la palabra, puede intentar visualizarla o asociarla a un significado, a un lugar o a una sensación. También puede describir su significado o definirlo con la ayuda del interlocutor, que siempre debe respetar el tiempo que necesita el afectado y no tener prisa. Cuando se presentan dificultades en el habla es fundamental una correcta postura y colocación del cuerpo, estar relajado y respirar adecuadamente.

Por su parte, el interlocutor debe ser consciente de los obstáculos a los que se enfrenta la persona afectada de EM y, dependiendo de estas dificultades, será conveniente que hable de un solo tema a la vez, que haga una escucha activa y que dé tiempo al paciente. El hábito de leer puede mantenerse utilizando un nivel de lectura adecuado o audio libros, en caso de dificultad visual. Para fijar los contenidos en la memoria, pueden utilizarse técnicas como el resumen o el subrayado.

La comunicación también puede verse alterada por la falta de motivación. Una actitud de aceptación de las dificultades y de conciencia del potencial de cada uno favorece el hecho de sobrellevar los trastornos de comunicación. Para que la persona con problemas de comunicación tenga iniciativa y para reducir el riesgo de aislamiento social, es muy recomendable que mantenga actividades de interés y una vida social activa.

Autoras: Marta Renom e Ingrid Galán Comunicación Esclerosis Múltiple

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